El secreto del modelo

2h-6430bLa forestación para fabricar pasta de celulosa (de muy bajo valor agregado), usada como insumo para el proceso de papel (de alto valor agregado) en plantas de alta tecnología ubicadas en el hemisferio norte, había pasado inadvertida hasta la crisis del río Uruguay. Desde mediados de los 80, la proliferación de bosques artificiales en Uruguay y la Mesopotamia argentina parecía la extravagancia de algunos inversores con ganas de respirar aire puro, o que se veía como más rentable que la agricultura y la ganadería, cuando la tonelada de madera para pulpa se pagaba 60 dólares.
SUBNOTAS
La depredación permanente
Del abuso al desenfreno
Sean eternos los recursos

Disuelta la fibra de madera, la pulpa tiene un altísimo porcentaje de agua, un recurso sudamericano que se evapora en el proceso de fabricación. El eucalipto, además, acidifica gravemente los suelos.

Los bosques fueron implantados con créditos del Banco Mundial, organismo que monitorea la sustentabilidad del modelo mundial de súper-explotación de los recursos, y luego de que se avizorara el cercano fin de los bosques tropicales naturales usados para el mismo fin.

El periodista Raúl Zibechi, de Brecha, describe qué pasó después: “Como muchos países siguieron las recomendaciones del Banco Mundial, la oferta mundial de madera pulpable creció y los precios bajaron a menos de la mitad de lo que habían alcanzado en el momento en el que se promovió la forestación masiva como negocio seguro y rentable. Ahora, entre 23 y 28 dólares la tonelada, muchos pequeños inversionistas privados no han podido recuperar la inversión”.

Sintonizados los gobiernos, se promulgaron leyes de promoción a la forestación: en 12 años el Estado uruguayo invirtió 500 millones de dólares en créditos blandos, construcción de infraestructura y desgravación impositiva.

El ingeniero Pérez Arrarte, investigador del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo de Uruguay, explica las consecuencias de esta actividad: “Cuando modificamos radicalmente el uso de un ecosistema, cambia la producción de los bienes materiales tangibles como carne, lana, etc., y los servicios ambientales que ese ecosistema provee, como el agua de lluvia que recarga los acuíferos.

Las plantaciones de eucalipto, sobre todo en el nacimiento de los ríos, reducen el rendimiento hídrico entre un 50 y un 70%, una cifra corroborada por un seguimiento que ya tiene entre 15 y 20 años. Esta caída reduce el agua en las represas, y la generación de electricidad, con su efecto sobre las poblaciones y la industria”.

Las forestaciones avanzaron sobre la producción agrícola, porque siendo alto el costo del flete, al empresario le conviene plantar en zonas no forestales y no estar desgravado, pero reducir el costo del transporte.

En cuanto a los beneficios que traerán las plantas fabricantes de pasta básica de celulosa, Pérez Arrarte agrega que “las empresas crearían apenas 600 puestos de trabajo, no pagan impuestos por estar en zonas francas, y no requerirán servicios portuarios porque tienen sus propias terminales portuarias”.

Ese es el modelo.